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Pronunciamiento de la Hermandad Budista
para la Paz acerca de los acontecimientos
del 11 de septiembre de 2001
Nuestros corazones están destrozados
por los terribles actos de violencia de hace unas semanas
en los Estados Unidos. Ofrecemos nuestras más profundas
condolencias a las familias y amigos del las miles de víctimas
inocentes de los ataques del 11 de septiembre. No podemos
más que condenar tales actos, que desafían todo
sentido de lo sagrado de la vida humana. No hay ninguna justificación
para el asesinato desenfrenado. En nuestro dolor, furiosas
imágenes de destrucción han sido grabadas en
nuestras mentes. A muchos de nosotros nos parece que las cosas
jamás serán las mismas en este país.
Pero tanto aquí en los Estados Unidos como alrededor
del mundo las cosas nunca han sido lo que parecen. La ilusión
de paz y las comodidades del privilegio son como una cortina
delgada, tan fácilmente destruible. Ahora nuestros
líderes, electos o no, hacen sonar estridentes los
tambores de guerra. Esto nos da miedo. Nuestra esperanza en
la Hermandad Budista para la Paz es que los líderes
y la gente de nuestra nación harán una pausa
y mirarán profundamente y pensarán con claridad
antes de tomar el paso marcado por esos tambores.
En los tensos momentos entre acción
violenta y reacción violenta, nosotros invocamos varias
enseñanzas sencillas de Buda. La primera es que todos
los seres son nuestra familia. Hace 2,500 años el Buda
dijo: "En este mundo, el odio nunca es aplacado por el
odio; el odio es aplacado únicamente por el amor. Ésta
es una Ley Eterna" (Dhammapada, Verso 5). Este mismo
sentimiento se encuentra en todas las tradiciones espirituales.
A mediados del siglo veinte Gandhi lo puso aún más
concisamente: "Ojo por ojo sólo termina haciendo
ciego a todo el mundo". Lo más doloroso de esta
enseñanza es que siquiera necesitemos oírla.
Si somos una sola familia víctimas, perpetradores,
inocentes, culpables entonces cada uno de nosotros es capaz
de realizar acciones terribles y acciones nobles. Primero
debemos sentir nuestro miedo y nuestra rabia, sin tomar represalias
precipitadamente y escalar la violencia. Esto es muy difícil,
y necesitamos el apoyo mutuo. Entonces busquemos lo que es
noble y justo aún en los más heridos de nosotros.
El segundo principio es que cada efecto tiene
su red de causas y condiciones. Esta es la ley del karma.
Las naciones niegan la causalidad asignandole la culpa a otros
terroristas, países villanos, etc. Al señalar
un enemigo particular, rompemos la introspección necesaria
para ver nuestra propia responsabilidad kármica por
los terrible actos que nos han acontecido. Nos arriesgamos
a re-crearnos como imágenes de aquellos que consideramos
como el enemigo. De ninguna manera estamos justificando sus
actos. Pero por muchas generaciones hemos demonizado pueblos
y una religión completa del Medio Oriente. Al mismo
tiempo hemos buscado favores adulando regímenes corruptos,
para poder obtener el anhelado petróleo de sus tierras.
En Israel y Palestina, el legado de colonialismo y nuestra
culpa nacional por inacción contra el holocausto hasta
ahora sólo ha alimentado las llamas de la violencia
entre pueblos. Hasta que aceptemos las causas de las cuales
somos responsables, en este caso en el Medio Oriente, la violencia
del 11 de septiembre no tendrá más sentido que
un sismo o un ciclón, excepto que debido a su origen
humano nos lleva a la rabia y la venganza.
Las Santas Enseñanzas de Vimalakirti ofrecen esta enseñanza
acerca de las vidas de los Bodhisattvas, o seres iluminados.
Para ayudar a los seres vivientes,
Descienden voluntariamente a
Los infiernos que están unidos
A todos los inconcebibles campos búdicos.
Ahora estamos en el infierno, y parece que
tendremos que descender aún más. Los eventos
del 11 de septiembre, su preludio y sus consecuencias, son
un raro y terrible regalo en nuestras manos: un corazón
roto. Cuando nuestros corazones están destrozados,
podemos encontrar un momento de oportunidad vital. La comprensión
sólo resulta del sufrimiento. Un gran sufrimiento puede
ser convertido en una gran compasión y acciones benéficas.
Rezamos por la curación y el cambio de los perpetradores
de estos crímenes, cuyos corazones heridos y mentes
confundidas han creado enorme sufrimiento en el presente y
en el futuro. Contamos con la sabiduría, paciencia,
y amor compasivo de los líderes del mundo, para que
sean justos y ejerciten la moderación y el cuidado
en todas sus acciones. A partir de hoy, re-dediquemonos a
la paz y a la no-violencia para que el poder de la bondad
humana venza la insensatez y el engaño de la violencia.
¿Cómo podemos transformarnos
en verdaderos amigos de todos los pueblos de la tierra? En
lugar de blandir y vender armamentos costosos, ¿podríamos
compartir nuestra riqueza para alimentar a los hambrientos,
dar un hogar a los que no tienen casa, proveer medicina a
los enfermos, curar las heridas de la guerra y el odio? ¿Podemos
detener nuestro propio robo de los recursos del planeta? ¿Podemos
ver que cada vida humana es preciosa, y detener nuestra manipulación
política y económica de otros? Tales pasos valerosos,
actos de saludable dejar ir, podrían por fin traernos
seguridad real y ayudarnos a encontrar a nuestra verdadera
familia: toda la humanidad. Detengámonos un momento,
respiremos y avancemos hacia la vida en medio de este dolor
inimaginable.
–Alan Senauke (translated by Miguel
Lavin)
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